La reedificación de la plaza nueva se realizó sobre las huellas de la anterior basada en el proyecto del ingeniero militar Hércules Torrelli, que databa de 1689 y que desapareció en el incendio de 1813 en el asedio de las tropas inglesas.
La plaza definitiva se construyó con arreglo al segundo proyecto de Pedro Manuel de Ugartemendía de 1815. Para el primer proyecto de reconstrucción de la ciudad Ugartemendía había propuesto un esquema no relacionado con la traza anterior y que tenía su mayor interés en la plaza octogonal enlazada radialmente con la retícula de manzanas, según modelos de algunas plazas mayores de Aragón y Andalucía del siglo XVIII llevadas también a las colonias ultramarinas.
Sin embargo este proyecto no pudo llevarse a cabo por el desajuste con las propiedades primitivas.
La construcción de la nueva plaza se debe a Ugartemendía y a Alejo de Miranda, llevada a cabo entre 1817 y 1824. Basada en el esquema de la plaza mayor, la ordenación conjunta de fachadas de viviendas rodea la antigua Casa Consistorial que destaca como el monumento que domina el recinto. El proyecto contempló la composición uniforme de las fachadas y respecto a la organización de la planta ordenó la disposición de los patios y las dimensiones de las manzanas.
Las fachadas se componen de la planta baja y una entreplanta incluídas en los soportales, tres plantas con balcones corridos y el espacio bajo la cubierta. Unicamente las arquerías de los soportales tienen continuidad en las cuatro esquinas de la plaza.
La imagen austera de este neoclásico está relacionada de alguna manera con la homogeneidad que guardan los edificios residenciales de la Parte Vieja conseguida desde la implantación por Ugartemendía de unas ordenanzas comunes de formas, dimensiones y acabados. Dichas ordenanzas afectan a los zócalos, impostas, huecos, aleros, cornisas, bajantes, etc.
Para incentivar la iniciativa de los propietarios afectados por la plaza nueva el Ayuntamiento contribuyó en la construcción de los balcones corridos regulando también el uso del “balcón torero“. La numeración que figura en los dinteles de los huecos tuvo como origen el alquiler de estos balcones.
SESÉ, L.: “Guía de Arquitectura de San Sebastián”, COAVN, 1997, Donostia.
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