Este conjunto formado por la iglesia y el convento de clausura con sus dependencias anejas se halla situado en la falda del monte Urgull en el extremo norte de la Parte Vieja. Las condiciones topográficas de este emplazamiento han originado una organización compleja de las partes del convento con unos recorridos complicados en la unión de las diferentes dependencias.
A estas dificultades propias de la ubicación hay que añadir que la vida de estos edificios ha sido muy accidentada desde su fundación y desde que en 1666 Santiago de Semosiain se comprometía a “sacar tierra “ para edificar una iglesia, claustro y otras dependencias, un trabajo importante de desmonte en roca. Las Carmelitas han soportado, entre otras cosas, los trabajos en los baluartes del recinto defensivo en 1668, 1678, 1685, la explosión del polvorín del castillo de 1688 y el sitio de 1813, por lo que el convento ha experimentado diversas fases de destrucción y reformas. El primer proyecto, del maestro arquitecto Miguel de Elizalde, data de 1661. Los edificios del convento se realizaron en dos fases; entre 1670 y 1691 se levantó la iglesia, tanto la construcción de su fábrica como el remate de sus interiores, en planta de cruz latina y sin motivos ornamentales pero con retablos y cuadros añadidos a finales de del mismo siglo XVIII. De esta época es también el llamado cuarto alto entre las bóvedas y la cubierta. En la segunda, a partir de 1703 y hasta la tercera década del siglo XVIII se construyeron los patios, el claustro y dependencias anejas. A este respecto presentan interés el patio triangular y el claustro de dos niveles, de planta casi cuadrada y de dimensiones mínimas con sobrias arquerías en sillares de piedra. En estas obras intervino el tracista de la Orden, Fray Pedro de Santo Tomás.
El conjunto ha tenido modificaciones posteriores en el siglo XIX, siendo la más importante la elevación de la torre y su campanario. A partir de 1990 las monjas han conservado la iglesia antigua y las huertas altas, desde donde se divisa la ciudad, cediendo para uso civil los patios, el claustro y las construcciones de la cota inferior. Una reforma proyectada por los arquitectos José Ignacio Linazasoro y Luis Sesé, en la cual el cuarto alto sobre la iglesia quedó habilitado para las dependencias del convento, en dos plantas, y cuyo reflejo exterior es la galería acristalada contrastando con la sillería de la torre y por otro lado el acceso al coro y a la clausura en el nuevo atrio excavado en el monte Urgull mediante el apuntalamiento de contrafuertes de ladrillo contra la antigua mampostería. Las plantas del cuarto alto adoptaron una distribución coherente con la estructura de puentes atirantados de madera descolgando los pisos, de modo que los arcos quedaron embebidos por las divisiones interiores, con una decoración realizada con formas limpias en los revestimientos de madera.
SESÉ, L.: “Guía de Arquitectura de San Sebastián”, COAVN, 1997, Donostia.
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