Edificio clave en la arquitectura racionalista española de los años treinta y obra maestra de sus autores, los arquitectos José Manuel Aizpúrua y Joaquín Labayen.
Proyecto planteado como una ampliación del antiguo club, cuyos primeros bocetos son de noviembre de 1928 y que acaba de construirse en Agosto de 1929. Constituyó la reforma del antiguo edificio que constaba sólo de una planta baja, ocupada inicialmente por un acuario, cubierta con una terraza sobre la que se encontraba una pequeña construcción de madera chapeada en caoba llamada indistintamente la “bombonera” o la “carroza”. Esta terraza tenía una estructura metálica para su cubrición en verano mediante lonas.
El edificio actual aprovechó aquellos antiguos muros de mampostería conservando su anchura y ampliando su longitud en veintiún metros, con sus huecos pequeños en defensa de las mareas y creciendo en altura. La planta principal se levantó en hormigón sobre estos muros, con uso de club propiamente dicho es decir salones y terrazas, y una nueva planta alta para restaurante público. La planta principal queda elevada un metro sobre el paseo desde el cual se puede acceder también lateralmente al siguiente nivel que se remata, en la proa, con un gran vuelo semicircular.
El Club Náutico constituye hoy en día uno de los ejemplos más radicales, a pesar de sus desacertadas reformas posteriores, de la entonces llamada “nueva arquitectura” que tenía algunas de sus referencias más importantes en la arquitectura naval. El emplazamiento de este edificio como un yate fondeado junto al muelle era la situación ideal para proponer una arquitectura racionalista que tuviera características como la horizontalidad, el escalonamiento en terrazas, la ventana continua, las formas ligeras en barandillas y escaleras, los vuelos, las formas circulares, etc. Aizpúrua se destacó por erigirse en uno de los fuertes defensores de la “nueva arquitectura”, de construir de una manera acorde con los tiempos, con una actitud decidida e incluso polémica y radical respecto a los edificios que se construían en aquella época en la ciudad. Tenía sólo veintisiete años cuando acabó este edificio que se construyó en nueve meses.
La semejanza a la arquitectura naval resolvió al mismo tiempo la relación de estilo y de escala con el Ayuntamiento actual, después de cerrarse el Gran Casino en el verano de 1923, cuestión que hubiera resultado más complicada con un edificio más asentado “en tierra”. Remata un extremo del Paseo de la Concha, adosado a él del mismo modo como se encuentra en el otro frente el conjunto de la Perla.
Interiormente el edificio mantiene parte de su decoración original en los salones y en el bar con un tono elegante por la sobria combinación de buenos materiales, madera, cuero y acero. Por otro lado se echa en falta parte del mobiliario original y de otros elementos de fachada como aquellas ventanas pivotantes que sintonizaban más con diseños racionalistas.
Aizpúrua realizó posteriormente concursos y diversos proyectos de pequeños programas y construyó en 1935 una casa de vecinos en Fuenterrabía, que junto al Náutico constituyen sus dos únicas obras construídas, al margen de otras obras y diseños en espacios interiores. Fue encarcelado en marzo del 36 y fusilado en el siguiente mes de septiembre a la edad de treinta y tres años.
SESÉ, l.: “Guía de arquitectura de San Sebastián”, coaVn, 1997, Donostia.
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