En este mundo de lo prefabricado, invadido por lo mediático, donde el concepto de originalidad ha perdido valor y ha sido desplazado por la copia y la simulación, el arte se ha alejado de las nociones de pureza, autonomía y autenticidad y ha reafirmado su condición con otra vuelta de tuerca en el juego del artificio, escenificando su propio espacio de representación. El arte busca su singularidad en un mundo en el que se ha hecho difícil hablar de materia prima, en el que la primacía de lo nuevo e incluso el concepto de creación han sido superados por una sociedad inmersa en el espectáculo del consumo, que acumula objetos e imágenes, que recrea sus convenciones, y cuya propia identidad se ha llegado a transformar en un producto más de consumo.
Esta exposición, formada por una selección de obras pertenecientes a la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa”, nos introduce en un escenario de réplicas de símbolos de nuestra cultura, de recodificaciones de modelos y convenciones del arte, de identidades enmascaradas y de espacios de efectos ilusorios.
En la década de los ochenta, muchos artistas reutilizan el vocabulario formal del arte minimalista para explorar los códigos que determinan la producción, la exposición y la apreciación del arte. La producción seriada, la duplicación, la repetición o la retícula son algunas de las estrategias de las que se valen para formalizar su trabajo. Estos artistas también recurren a formas y objetos preexistentes en nuestra cultura, que presentan descontextualizados, utilizándolos como artificios, ejecutando con ellos juegos de lenguaje. Son operaciones de reproducción, apropiación o yuxtaposición realizadas con una mecánica neutra que, sin embargo, destilan ironía.
Nimfa Bisbe, comisaria de la exposición
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